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sábado, 13 de febrero de 2010

El Pólvora Curtis y una cueva rendidora



En el taller de carpintería, cerrajería y centro cultural de los Martínez. En la foto, Dani Martínez, narrador de gran parte de los relatos incluidos en este blog.

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Ya hemos presentado a Francisco Féliz Feraud, el Pólvora Curtis, intranquilense honorario, vecino de Coronel Pringles, en “la provincia” (así le decían a la de Buenos Aires), honra y prez de exagerados. Para no dejarlo en desventaja frente a San Román, recordemos otra de sus creaciones:

“- Resulta ser que ya estaba metiéndome en casa, a la nochecita, y de repente el perro se pone a torear, fuerte. Y dale que toreaba. Al final fuí, a ver qué le pasaba. Y lo veo ladrándole a una cueva de peludo. Entonces meto la mano, y saco un peludo. Y dije “bueno, con esto salvao el hombre, ya está la comida de hoy”. Y me fuí de nuevo para adentro. Y al ratito nomás, otra vez el perro que toreaba. Hasta se ponía molesto de tanto torear. Cállese cuzco, le digo. Pero no, seguía y seguía. Me asomo de nuevo, y estaba otra vez ahí en la cueva ladrando. Meto la mano… otro peludo. Y al rato, otra vez lo mismo. Y para hacérsela corta, sin exagerar, uno atrás de otro, terminé sacando catorce peludos de esa misma cueva.”

(Narración de don Andrés Martínez.)

lunes, 3 de agosto de 2009

Más exageraciones: las del Pólvora Curtis, y algunas otras de don Valdés

Un producto muy conocido hasta los años '40: la pólvora Curtis FFF.

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Queda dicho que la exageración es un género destacado de la literatura oral, intranquilense o de donde fuere. A veces roza con el apólogo; otras veces linda con la farsa.

Hemos mencionado las exageraciones de don Antonio Valdés. Está lejos de agotarse la producción de este autor oral.

“Venían los loros a jorobar en el cerezo. Las mejores cerezas se las comían ellos. Así que un día me cansé, fabriqué un pega pega, receta secreta mía. Y le puse nomás en las ramas del árbol. A la mañana, no va y escucho un barullo… salgo al patio y veo que un montón de loros se habían quedado pegaos al árbol. Cuando me ven, se espantan… y no va que levantan vuelo todos, llevándose el árbol, che.”

Con este don Valdés pasa como con el Mulá: un cuento trae otro, y es difícil hacer una pausa.

“Tengo la tomatera, vio. Y salen grandeciiitos los tomates. A veces viene una nena de los vecinos a querer comprarme un kilo… pero qué voy a hacer, no me voy a poner a cortar un tomate por la mitad. Me lo hacen de pura picardía, yo me doy cuenta. Pero en fin… le doy el tomate entero y listo.”

Los exagerados compiten entre ellos, a ver quién agranda más la nota. Esta vez se incorpora a la competencia el Pólvora Curtis, nativo de Pringles o por ahí, pero naturalizado intranquilense por gestión de don Andrés Martínez, que nos transmitió sus relatos.

El Pólvora Curtis se llamaba en realidad Francisco Félix Feraud. La pólvora fabricada por Curtis y Harvey, importada de Inglaterra, se caracterizaba porque en su lata mostraba la cantidad de letras F que calificaban la finura de la molienda. La 3 F era la más utilizada, un producto bastante fino.

Este hombre apellidaba así, Feraud, como el atrabiliario personaje del inmortal cuento de los duelistas escrito por Joseph Conrad. La vida imita a la literatura; este Feraud era tan cascarrabias y mal llevado como el personaje del cuento.

Pero mejor, en vez de tanto chismerío, escuchémoslo. Vamos al artículo siguiente.
(Exageraciones de don Valdés, narradas por Eduardo López. ¡Gracias!)

Más exageraciones: las del Pólvora Curtis, y otras de don Valdés

Mollie nos permitió usar esta foto suya.
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CONTABA EL PÓLVORA CURTIS...

Los gatos cazadores

“Me alquilaron los gatos. No se extrañe, don. Tengo unos gatos muy buenos cazadores, y los alquilo para limpiar galpones y casas de las lauchas, las ratas. Pero este galpón sí que estaba lleno, mire. Los llevé a la tardecita, en una canasta, y los solté ahí. Toda la noche se sentía el bochinche, cosas que se caían y todo eso. A la mañana, abrimos y no se veía ni escuchaba una sola laucha. Los gatos estaban todos quietitos en el rincón, como llenos vio. Lo que me llamó la atención, estaban sudando todavía.”

Peludeando

“Vi un peludo cruzando la huella y me le fui atrás. Se metió en la cueva pero lo saqué. Y volví a meter la mano, y no va que agarro otro. Y después otro, y otro… lo que era eso! Catorce peludos saqué.”

Cacerías extraordinarias (nada inventó el cine fantástico)

“No hay como esos perros perdigueros. Figúrese que vez pasada arrinconaron una centeya en la galería de casa. Y otra, que los chumbé, me ayudaron a agarrar un trueno chiquito. Lo tengo guardado en una damajuana de boca ancha.”


(Para este comentarista, el cuento de la centella y el del trueno chiquito son obras maestras del género. Usted, ¿qué opina?)



Gracias, don Andrés.