lunes, 20 de julio de 2009
De varios lecheros, y uno con muy buena leche
sábado, 18 de julio de 2009
Doble identidad
Suerte, la del muerto

domingo, 14 de junio de 2009
Interculturalidad en la escuela. 1. El cuervo y la quetedije. 2. Una adivinanza.
Acceso a la Escuela 46 de la Colonia Juliá y Echarren. Esto lo supo tempranamente la amiga Norma Ferreyra, que inició su tarea docente en la Escuela del Barrio Unión.
Al Barrio se lo llamó, hasta mediados de la década de 1970, “Chile Chico”, porque sus pobladores sin escrituras (hoy diríamos “okupas”) eran mayoritariamente chilenos. La irregularidad de los títulos de propiedad fue resuelta años después, hacia 1984-86, por un intendente de los tiempos de la democracia.
Pero vamos a nuestro tema: encontramos a Norma, buena persona y laboriosa maestra, al frente de su 3er. grado en la Escuela del Barrio. Se le ocurre que una buena práctica puede ser la lectura y comentario de fábulas con sus chicos. Lleva algunos libritos, se los lee, y luego los presta para que los alumnos se los lleven a casa.
Algo que le extraña, es la insistencia de los chiquillos en torno a una fábula determinada, esa y no otra.
Ingenuamente, Norma desconoce que algunas palabras pueden tener otras connotaciones, según el medio en que nos encontremos. Nos comenta:
- Todos los días piden que les vuelva a leer la misma historia. Me dicen: “Seño, cuente esa del cuervo y de…” Entonces yo digo “la zorra y el cuervo… ¡y ellos se matan de risa, no sé por qué!”
2. Interculturalidad en la escuela 2. Una adivinanza.
Otra experiencia intercultural fue planteada, allá a comienzos de los ’80, por una practicanta del Instituto de magisterio de Villa Intranquila.
Griselda “Tati” Devesa, de ella se trataba, estaba haciendo su residencia docente en un cuarto grado de la escuela Nº 46, de la Colonia Juliá y Echarren. Quiso dar coherencia a su práctica con un modo de pensar renovado, y se propuso que la clase fuera un ámbito de recepción y reproducción de la cultura popular. Se trataba, así lo planteó, de reconocer y valorar las creaciones culturales que los alumnos traían de sus hogares.
Así pues, ese día planteó el primer abordaje de su tema:
“A ver, chicos, ¿qué adivinanzas conocen?”
La clase transcurría por los aburridos caminos que eran de esperarse… redondo redondo barril sin fondo, o con fondo, etc. Hasta que un simpático morochito de ojos vivaces vino a proponer:
- Pelo arriba, pelo abajo, y en el medio tiene un tajo.
Medias sonrisas de compromiso de la practicante, de la maestra del grado, del profesor observador, a quien conozco de cerca… Sudor frío. Nos imaginábamos ya la intervención de la directora, la supervisora, el ministro y hasta el gobernador. Afortunadamente, no alcanzó a transcurrir un minuto sin que el chico diera la respuesta al acertijo. Como extrañado ante nuestras expresiones de temor, dijo la solución:
- ¡El ojo, señorita!
Significado del 20 de junio

La chica había leído muchísimo acerca de Manuel Belgrano, del por qué de los colores de la bandera, y demás. Le tocaba hacer su práctica organizando y dirigiendo el acto escolar del 20 de Junio.
Todo estaba muy bien preparado. Pero los nervios del comienzo la traicionaron. En rígida posición de firme frente al micrófono, embutida en su estricto guardapolvo blanco y tableado, dijo sus primeras palabras:
- Nos encontramos aquí reunidos, para festejar la muerte del General Belgrano.
miércoles, 10 de junio de 2009
¡Que se besen los novios!
En la foto, un típico paisaje de campo con jarillas. A lo lejos se divisan las alamedas del valle del Colorado. Es enorme la cantidad de los Albizúas. Tanto que hay quienes dicen que si se ponen de acuerdo, ellos pueden decidir la elección de un intendente. Hasta hace unos años, solían reunirse con ocasión del velatorio de algún pariente o parienta. Entonces eran de verse las familias enteras que llegaban en multitud de vehículos desde el campo, con sus chicos (a los que obviamente no podían dejar solos allá), se saludaban con alborozo, y se ponían al día comentándose las novedades: que este había nacido hace dos años, mirá qué grande está, que tal otro ya iba a cuarto grado, que el terneraje este año, que el tamaño del alfilerillo ahora que llovió bien, y encima nevó allá, etc.
Todo el mundo charlaba; circulaban el café, el mate, y la copita de anís o grapa para mujeres y varones respectivamente. De a ratos se churrasqueaba, y en algún momento los deudos se daban una vuelta por la cercanía del féretro para saludar el finado.
Los velatorios eran buen momento también para iniciar noviazgos con algún primo o prima lejana. “Primos legítimos” dijera uno de los Santagiuliana para describir este parentesco. No era extraño entonces que luego se produjeran casamientos en simultáneo. Pongamos, dos Albizúas (varones) se casaban el mismo día con dos Albizúas (mujeres) que se habían conocido en aquel velorio. Como decía el dicho “van del velorio al casorio”. Se diría, de la muerte a la vida; una bella metáfora de la persistencia humana. Y de paso, se unificaban los presupuestos de la fiesta, con la consiguiente ventaja.
Aquella vez se celebraba uno de estos casamientos dobles. Los flamantes esposos eran dos mocetones robustos, ambos de apellido Albizúa; y dos chicas del mismo apellido. La fiesta era en el célebre Hotel Vasconia, con una de esas pantagruélicas comidas que preparaban los hermanos Albarracín.
A poco de comenzar la copiosa degustación, uno de esos animadores voluntarios que nunca faltan prorrumpió en el grito de rigor, acompañado por todos los circunstantes con vítores y aplausos:
- ¡Que se besen los noviooos!
Entonces, aunque el pedido pareció haberlos desconcertado un poco, los dos robustos mocetones Albizúa se levantaron de sus asientos y se estamparon un sonoro ósculo entre ellos.
sábado, 30 de mayo de 2009
Una orquesta realmente fuerte
Martín Karadagian. La música de un luchador. Se le atribuye otra anécdota que, por haberse desarrollado en los años '60, requiere cierta aclaración previa.
Por entonces estaba de moda en la televisión el programa “Titanes en el Ring”, donde se enfrentaban al modo de una farsa, luchadores en disfraz presididos por el súper campeón, Martín Karadagian. Un hombre forzudo, de ancho tórax y vientre destacado, que vestía una apretada malla y botas.
Por otra parte, en la música clásica se destacaba entre otros directores Herbert von Karajan, quien había grabado, entre otras composiciones, las nueve sinfonías de Beethoven.
Escuchemos ahora a la señora, dándose importancia ante alguna conocida:
- Mi yerno es taaaan preparado... Le gusta mucho la música; pero no cualquier música. Tiene todas las sinfonías - esas grabadas por Karadagian…
El violín aquel... otro exagerado
Luthier de tiempos de Stradivarius. No podemos asegurar que el violín que está terminando haya sido el del Colorado C. Así pues, cuando en cierta ocasión se divulgó la noticia del hallazgo en Italia de un Stradivarius que había estado oculto, y cuyo valor ascendía a una tracalada de dólares, alguien comentó el hecho en presencia del Colorado. Ni lerdo ni perezoso, el hombre salió al cruce:
- Mirá vos… años que tenía un violín ahí en casa, arriba del ropero. Ni me acordaba. Pero con esto que salió en el diario, digo, la pucha, voy ayer y miro, y era de esa marca también…
Regina y su Indio
En la foto, el Indio Comahue, estatua situada sobre Villa Regina. A pedido de un lector, volvemos sobre el apodo “Regina”, mencionado en una de las primeras crónicas de Villa Intranquila. Esta vez con el acompañamiento de la foto que permite entender mejor el motivo de tal sobrenombre.
La foto indica la posición que ocupa la estatua del Indio sobre la barda en Villa Regina. Cuando localmente decimos “la barda”, nos referimos al borde escarpado de una terraza fluvial. El Indio había sido erigido con motivo de la primera Feria Exposición de Villa Regina, en 1964, y sin intención de que perdurara. Pero su autor, un constructor, hizo tan sólida la efigie (de nada menos que 12 metros de altura) que permaneció durante años en pie allá arriba. Paradojas de la argentinidad, en cuyo ámbito lo “definitivo” dura poco, mientras que lo "temporario" casi se eterniza. Bastará pensar en algunos impuestos nacidos en tiempos de don Federico Pinedo, allá por los años 30.
A la estatua se la denominaba “el indio Comahue”, transformando en nombre personal el término mapuche que se utilizaba para designar un otero, mirador u observatorio. En lo simbólico, tamaño homenaje a los pueblos originarios era toda una novedad. El término provenía de los gabinetes de planificación del estado nacional, donde se había dibujado una “región Comahue” más o menos equivalente a la Norpatagonia.
Hecho el explique previo, vayamos al apodo. En una dependencia pública de Viedma de cuyo nombre no quiero acordarme, trabajaba un señor M., al que se conocía como “el indio M”.
El Indio, hombre locuaz, abundaba en descripciones y detalles de las proezas amatorias que realizaba más de una vez por día con su señora esposa.
Los compañeros de trabajo no conocían a la señora. Tampoco sabían su nombre. Pero teniendo en cuenta los relatos eróticos del Indio, les pareció adecuado llamarla “Regina – porque siempre está con el Indio encima.”
miércoles, 27 de mayo de 2009
Las elecciones son cuestión de huevos

Tan sueltos y ligeros son, que alcanzan
corriendo por los campos los venados,
tras fuertes avestruces se abalanzan ((3475
hasta dellos se ver apoderados;
con unas bolas que usan los alcanzan
si ven que están a lejos apartados,
y tienen en las manos tal destreza
que aciertan con la bola en la cabeza.
No creo que muchos compatriotas contemporáneos puedan lograr con las bolas esta puntería de que hacían gala los charrúas.
Las bolas o boleadoras sirvieron también para convencer a algunos conquistadores acerca de la necesidad de mayor diálogo intercultural. Claro que los mosquetes, los perros de presa y las ballestas de los evangelizadores armados fueron más convincentes.
Pero lo que no estaba previsto por don Martín fue el uso de los huevos en las contiendas electorales. Voy al relato.
General Conesa, localidad no lejana de Villa Intranquila, era en los años que siguieron a 1983 un bastión del peronismo. Pero sucedió que en una de esas campañas un candidato local, Mariano “Chiche” Palomar, radical él, arrasó a los contrarios.
La estrategia de Chiche consistió en ponerle huevos a la campaña.
Aficionado a la cría de gallináceas, solía ir a las exposiciones de aves de Buenos Aires para comprar ejemplares de pedigree. Supo allí que los criadores desechaban cantidades de huevos de esos ejemplares finos, para no saturar el mercado. Charlando con uno y otro, Chiche logró que le regalaran cierta cantidad de esos huevos. Hay que decir que sus dotes para la comunicación lo ayudaron en esto.
En el pueblo, se dedicó a visitar a las señoras mayores que en los barrios eran las principales votantes del peronismo. Sin incursionar en temas electorales, tan sólo les señalaba que podrían mejorar los resultados de las incubaciones de sus gallinas. “Yo le voy a traer algunos huevos, doña. Pruebe y después me dice.”…
A Chiche lo reeligieron varias veces como intendente. A tal punto que alguna vez confesaba “Tengo que irme de la intendencia. Ya van doce veces que tengo que buscar discurso para el 25 de mayo, y veo que me empiezo a repetir.” Después fue legislador también.
Moraleja de este cuento para aspirantes a cargos electivos: … … … (llenar la línea de puntos).
domingo, 17 de mayo de 2009
Romántica conversación en un baile de pueblo
En muchos momentos el sentido del humor de Tiyo matiza la conversación – pues una amena conversación es este libro.
Para muestra, un relato breve: en la página 168, el autor nos describe el encuentro de una pareja de chica y chico de campo en uno de los bailes de Anchorena, Riglos o Macachín.
“No se tenía mucho argumento para hablar con la compañera: de programas de televisión no podías hablar porque no había, de estudio tampoco porque no se estudiaba, de cultura menos porque se leía poco… Y esto me hace acordar de un muchacho de campo que sacó a bailar a una chica vecina, y se entabló esta conversación:
Él: Decime, ¿no sabés si se les perdió el cojudo?
Ella: La verdad que no sé.
Él: Porque yo estaba esta mañana descascarriando una oveja en el corral y vi pasar un cojudo, y por el tipo de chancho pensé que sería de ustedes.
Ella: Le voy a preguntar a papá."
¡Va con v corta!
Foto: con el dialecto argenchino, el Sr. M tendría harto trabajo en su Defensoría. Con esta tendencia a crear cargos de Defensores de esto y aquello, quizás algún día, en la reforma de la Carta Orgánica de Villa Intranquila, se prevea la existencia de un Defensor de la Ortografía. Tendría trabajo, como usted, amiga o amigo lector, puede comprobarlo en este mismo blog.
Si así fuere, propongo que para el cargo sea designado el Sr. M. Nadie más que él se ha dedicado a defender la ortografía y el buen uso del idioma, desde su condición de ciudadano.
Para argumentar a favor de mi pedido, me contentaré con traer a colación tan sólo un relato de las intervenciones del Sr. M (hay otras, detalladas en este mismo blog… pero esta vez tenemos que mantener el anonimato. por motivos que se verán).
Para ubicarnos, es preciso señalar que el negocio del Sr. M está frente al negocio del Sr. L.
En cierta oportunidad, el Sr. L había decidido renovar la cartelería de su local. Este tiene vidrieras de generosas proporciones. Allí habían pintando ya “Fábrica de ”… y el letrista estaba empeñado, con minucia y seriedad, en hacer la larga lista de productos allí elaborados.
En ese momento, el Sr. M, desde su local, percibió una tendencia errónea. ¿Cómo hacérselo saber al señor L, sin que este se sintiera incómodo?
El señor M recurrió al teléfono:
- Hola, sí… ¿con el señor L?
- Sí, ¿qué desea?
- Don L, habla un amigo anónimo. Ravioles no va con b larga, es con v corta.
M se sintió regocijado cuando vio desde su vidriera que L salía, y agitando el dedo índice le advertía al pintor…
miércoles, 13 de mayo de 2009
La sexualidad femenina, ese dulce misterio...

Estas frases han sido escuchadas en conversaciones de muchachos de la Villa. Pensamos que algunos términos se contaminan con la vida rural y el entorno inmediato. Por ejemplo, el tractor Zétor es un elemento de trabajo muy conocido en las chacras; no es raro que lo confundan con el clítoris. Y la numerosa familia Ovando, de pobladores venidos de Chile, constituye una conspicua presencia en la Colonia.
Las frases son verídicas. Lo sostenemos hasta con la mano en el fuego exclusive (dijera un maestro de maestros):
- Y viste, ella jode con el clítor, el clítor ese...y dale con el clítor… pero yo nunca lo ví al clítor.
- Que no quería que le ande tocando la banquina. Y qué sé yo dónde es la banquina… será la zanja, digo.
- Me fui hasta Bahía el fin de semana, para /…/ con ella vistes. Y resulta que me dice que no, que no podía, que le dolían los Ovandos.
lunes, 11 de mayo de 2009
Esas pobres minas... informa don Ecuménico
En el cartel: Dirección, Kuanip y Ahorcadas del Sur. Pobrecitas... jueves, 7 de mayo de 2009
¿Será un pingüino político subliminal?
Revolución ortográfica
domingo, 26 de abril de 2009
A rezongar...

Al gordo Aldaba lo habían puesto en una lista para integrar la Comisión Directiva del Club. Era apreciado por la gente, de modo que resultó electo.
A los pocos días tuvo que ir a una reunión de la Liga de Fútbol. Los otros integrantes de la Comisión le aconsejaron protestar el puntaje otorgado al Club, porque a su entender los perjudicaba injustamente.
El gordo no tenía mucha práctica en esas lides, y su vocabulario era más bien escaso. Sin duda recordó el mandato de objetar el puntaje, pero se le olvidó algo. Entonces se afirmó en la silla y dijo, apenas empezada la reunión:
- Yo vengo a rezongar el puntaje del Club.
(Agradecemos el relato de E.E.)
domingo, 12 de abril de 2009
Doctor, por favor doctor...
“Entre el riquísimo anecdotario popular desprendido del ciclo del lobisón corre un caso que hemos recogido en Corrientes y que consideramos representativo y de valor psicológico:
Llegó un día, a cierto pueblo de Entre Ríos, un médico de la Capital Federal con intenciones de instalar allí su consultorio y ejercer la profesión.
A poco de su arribo, en rueda de vecinos que habían acudido a saludarlo, y como franqueándose, entre otros detalles familiares, llegó a decir que él era el último de siete hermanos, todos varones. Disimularon los presentes la desagradable nueva, y uno tras otro, con distintos motivos, se fueron retirando, aunque sin dejar traslucir al flamante médico su sorpresa y desilusión.
Al día siguiente, la noticia era conocida de todo el pueblo y cundía la alarma entre sus moradores.
Mas, enterado el comisario, y temeroso de que las cosas pasaran a mayores, resolvió establecer una parada policial nocturna en la misma puerta de calle donde moraba el médico. Así demostraría a los vecinos que no tenían nada que temer, al mismo tiempo que daba al médico muestra de una particular deferencia.
El caso es que pasó una noche y otra sin novedad, pero en la tercera, y a eso de las 12, el desconfiado vigilante notó con creciente sorpresa que se acercaba por la calle solitaria un enorme bulto negro. Ya más cerca, advirtió que se trataba de un perro negro; y sospechando que fuera el lobisón, haciendo coraje, con el revólver en la mano, dicen que comenzó a tartamudear diciendo, mientras le apuntaba al perro:
- Doctor, por favor, doctor, no me comprometa…
El letrero me lo hago yo
jueves, 2 de abril de 2009
Mejoremos el idioma. ¿Por qué "balneario"?
martes, 31 de marzo de 2009
Acerca de la variabilidad de las opiniones políticas, o radicales de m
Edificio del Municipio de Villa Intranquila. Construido a fines de la década de 1960, se lo supo denominar "la Casa Aujereada" por la parte del frente que Ud. puede ver a su derecha - la de usted. Esas tornadizas opiniones políticas
Lo cierto es que en una oportunidad necesitó una ayuda del municipio para cierta refacción que estaba haciendo en su casa. Gobernaban los radicales. Puesto que había chapas para distribuir, le dieron tres o cuatro.
Al tiempo, trascendió que el petiso había vendido las chapas. Alguien del equipo gobernante lo llamó a la Municipalidad, y una vez allí le dieron un buen rapapolvo.
Salió con las orejas gachas y cara de pocos amigos. Y se lo escuchó decir:
- ¡Ra-di-cales de mier…!
Relato de Dani Martínez
jueves, 26 de marzo de 2009
Acá hay que traer un gendarme. O dos...
Gendarmes en la frontera noroeste recuperan un puercoespín (noviembre de 2007). Acá hay que traer un gendarme...
Me pareció tan increíble este diálogo escuchado en la cafetería, que necesito verlo por escrito para aceptar que ha sucedido. Allí va, sin editar:
- Acá lo que hay que hacer… pedir un gendarme. O dos, mejor
- ¿De dónde sacaste? Tás loco…
- Acordaaate lo que yo te digo. Porque entre los chorros, las maestras en la ruta, ahora los productores… Y cuando te quieras acordar, van a estar entregados todos los gendarmes. Viste que ya mandaron a Buenos Aires. Ahora piden en San Martín de los Andes, no?
- Pero acá no hacen falta…
- Eso decís ahora. Bueno, pero ponele que no hagan falta: son tipos entrenados, hay que darles de comer y alojarlos nomás…
- Y por qué no pedís de Prefectura también… (irónico).
- Ah, no? Se puede decir que hay que controlar el movimiento del río… y traés también unos tipos gratis. Te digo: hay que pedir ahora. O va a pasar lo de siempre… para cuando acá se avivan, ya no queda nada.
Caro lector: en la Villa, a gatas hay un robo importante por bimestre. Las maestras no han degollado a nadie, ni los ruralistas. Lo juro por lo más profano (que suele ser lo más divertido también).
Pero nos quedamos todos callados.
lunes, 23 de marzo de 2009
¡Qué sobrenombre...!

Orlando, qué sobrenombre...!
Nuestros esquemas mentales nos traicionan. Esta es una reiterada lección que imparten los relatos pueblerinos. Uno reacciona, partiendo de la base de que tal cosa es de tal manera… y como se ha basado en un supuesto inadecuado, uno cae en el ridículo. Según Bergson, este emerger de la realidad que hace tropezar al esquema mental, es la primera fuente de la risa.
Orlando, excelente compañero de trabajo nacido y criado en la Villa, me contó alguna vez los comienzos de su amistad (fuerte y duradera) con el foráneo Cacho Zanona. Orlando trabajaba en la Sucursal intranquilense del Banco de Río Negro y Neuquén, que hasta los años ’70 del siglo pasado mantuvo una señalada presencia en la vida económica de la región. Y un buen día llegó a ella Cacho Zanona, trasladado para ocupar la contaduría.
En su trabajo anterior como ferroviario, Orlando había vivido y sufrido esos momentos melancólicos del forastero en un pueblo donde todavía no ha hecho amigos. De modo que a poco de haber llegado Cacho, ya lo estaba invitando a cenar en su casa, un viernes a la noche – cosa de poder seguir charlando hasta cualquier hora, sin tener que pensar en levantarse temprano al otro día.
Orlando y Norma, su esposa, buenos cocineros ambos, sirvieron una cena deliciosa, acompañada por un buen vino. Y charlaron todos largamente.
Ya a los postres, en ambiente distendido, repantigado en un sillón del living, Cacho se sintió inclinado a elogiar al nuevo amigo:
- La verdad, Orlando, sos un gran tipo. Gaucho, buen compañero, trabajador… Lástima que te hayan puesto ese sobrenombre tan pelotudo. No sé cómo dejás que te digan así… Pichirilo…
- No es un sobrenombre… Es mi apellido. Piccirillo.
En memoria de Orlando Piccirillo.
sábado, 21 de marzo de 2009
¡Alámbrenla por si acaso!
El alambrado de la Biblioteca. Para ampliar, haga doble click en su ratón.Alambrar… por si acaso
En los últimos días han alambrado el local de la Biblioteca Popular de Villa Intranquila, que está en pleno centro, frente a la plaza. Para prueba, la foto.
Quizás se ha cercado el predio de este modo para preservar el espacio verde ubicado ante la entidad, y que se está plantando con arbustos. Esperemos que no erradiquen la bella planta de palán palán que orna el muro sin exigir cuidados.
Hay quien recuerda los tiempos, que creíamos superados, en que la Plaza del General Trasladado estaba cuidadosamente cercada con un alambre de gallinero, de esos con celdillas romboidales. Y un molinete daba acceso al espacio verde. Con estos dispositivos se evitaba la irrupción de los caballos.
En cuanto a la Biblioteca, algo de esta transformación física me dejó pensando. No me refiero al opinable criterio de estética corralera; he de aceptar que vivo en un país donde el Mercado de Hacienda de Liniers, todo con mayúsculas, y la Sociedad Rural Argentina, dictan los estados de ánimos, y establecen modas selectas como las prendas de carpincho y el neoliberalismo. Al fin de cuentas, la Feria del Libro se lleva a cabo en el predio que le hemos obsequiado a la SRA. Lo que me deja cavilando son los objetivos de la medida. ¿Se procura evitar que los perros vagabundos ingresemos en el templo del saber? O más bien, más bien quizás, se apunta a que las ideas allí contenidas no salgan a trastornar la ciudad...
Marzo de 2009.
jueves, 19 de marzo de 2009
El idioma de los argen-chinos, 1.
Para ver mejor a San Hubelto, haga doble click sobre la foto. El idioma de los argen... chinos, 2
Me quedo pensando... ¿qué habría escrito Jorge Ruis Bolges?
miércoles, 18 de marzo de 2009
Renovemos y mejoremos el idioma, 1.
Renovemos y mejoremos el idioma, 2.
lunes, 16 de marzo de 2009
Cuidado con andar mejitando por ahí
Escudo policial de tiempos del Territorio. Cortesía de Raúl Figueroa.Al igual que todos los lunes, ese día como las diez de la mañana llegó un policía al Juzgado, arreando una hilera de contritos caminantes. Eran los que durante el fin de semana habían sido demorados en la comisaría por infringir el artículo 55 del Código de Faltas y Contravenciones de la provincia, que prohibía mostrarse en estado de ebriedad en lugares públicos. Aludiendo a ese artículo, a los bebedores conspicuos se los llamaba “55”. La fuerza del orden los demoraba en una celda para que se les disiparan los vapores etílicos, y luego tenían que esperar el primer día hábil para recibir la sentencia del juez. Algunos habían caído ya en la noche del viernes en la comisaría; venían aburridos de dormitar, cebarle mate a la guardia, charlar con algún colega, y desmalezar el patio o el jardín policial.
El policía a cargo de los cautivos saludó y entregó los formularios (uno por cada infractor) al juez. Como de costumbre, este fue llamándolos uno a uno a su despacho. Allí los retaba un poco y disponía su liberación (previo regreso a la dependencia policial). Pero una de las actas llamó su atención. Se acusaba al reo de haber transgredido, no el artículo 55, sino el 23. Era la primera vez que esto sucedía. Acudió al Código: artículo 23... ultraje a los símbolos patrios! En los renglones donde el rondín debía detallar el hecho, habían escrito una palabra desconocida para el juez: “por …..ar en la vereda del jusgado”.
Fue preciso llamar a la comisaría para aclarar el enigma. El símbolo patrio ultrajado era nada menos que el escudo ubicado allá arriba, sobre la puerta de entrada al Juzgado. Y la palabra misteriosa, era “mejitar”: un barroquismo policial, inventado sobre la raíz de “mingitar, mingitorio”. En suma, el reo (un robusto y risueño mocetón del campo, a quien el alcohol le había borrado toda memoria del episodio) había meado en el cordón de la vereda del juzgado. Lo que no era cosa menor; porque, como le explicó pacientemente el veterano oficial de guardia a ese juez novato: “cómo va’andar mostrándole “eso” al escudo nacional, señor Juez…” Para colmo, el sol del escudo tiene ojos.
domingo, 1 de marzo de 2009
La Forecita? ... É una angancía la Forecita!

Gaetano Mangiavillano, constructor, había podido finalmente comprarse una ca
mionetita Ford T modelo 1927, bastante baqueteada por el uso. Tanto había hablado de esa compra, que sus conocidos le preguntaban con frecuencia qué tal andaba el vehículo. La respuesta era invariable:-La Forecita…? Ehhhh… é una angancía, la Forecita!
¿Por qué la metáfora de la alcancía? Se habría podido interpretar que el uso de la camioneta le permitía multiplicar sus ganancias, o que significaba un ahorro de dinero. Pero en algunas ocasiones Gaetano aclaraba:
- Una angancía… Peso que tengo, peso que se lo tengo que ponere…
Relatado por Miguel Ángel “Piche” Martínez



