sábado, 13 de febrero de 2010

El Pólvora Curtis y una cueva rendidora



En el taller de carpintería, cerrajería y centro cultural de los Martínez. En la foto, Dani Martínez, narrador de gran parte de los relatos incluidos en este blog.

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Ya hemos presentado a Francisco Féliz Feraud, el Pólvora Curtis, intranquilense honorario, vecino de Coronel Pringles, en “la provincia” (así le decían a la de Buenos Aires), honra y prez de exagerados. Para no dejarlo en desventaja frente a San Román, recordemos otra de sus creaciones:

“- Resulta ser que ya estaba metiéndome en casa, a la nochecita, y de repente el perro se pone a torear, fuerte. Y dale que toreaba. Al final fuí, a ver qué le pasaba. Y lo veo ladrándole a una cueva de peludo. Entonces meto la mano, y saco un peludo. Y dije “bueno, con esto salvao el hombre, ya está la comida de hoy”. Y me fuí de nuevo para adentro. Y al ratito nomás, otra vez el perro que toreaba. Hasta se ponía molesto de tanto torear. Cállese cuzco, le digo. Pero no, seguía y seguía. Me asomo de nuevo, y estaba otra vez ahí en la cueva ladrando. Meto la mano… otro peludo. Y al rato, otra vez lo mismo. Y para hacérsela corta, sin exagerar, uno atrás de otro, terminé sacando catorce peludos de esa misma cueva.”

(Narración de don Andrés Martínez.)

Para exagerado, San Román


Carpintería, cerrajería... y centro cultural. En el taller de Martínez hemos escuchado muchos de los relatos de este blog. En la foto, dos de los maestros en el tema: don Andrés, y Miguel Ángel (el Piche) Martínez.


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En el Congreso Nacional de Exagerados, este San Román podría haber competido con el Pólvora Curtis y con quien raye.

Ferroviario el hombre, estaba destinado en el apeadero del kilómetro 834. Allí en la soledad elaboraba sus argumentos, y cuando venía a la Villa asombraba a los compañeros de la Estación con los relatos. El ritual del bolazo se iniciaba con la frase de rigor: “Y sin exagerar les digo”…

Esta vez se trataba de un lorito que San Román había sabido tener. Muy inteligente, el animalito, y conversador también. Había estado casi un año compartiendo la vida recoleta de su dueño en el apeadero. Pero cierta vez pasó una bandada de loros alborotando el cielo, el lorito sintió el llamado de la especie, y se fue con sus congéneres.

“Y no va que a los meses, yo estaba trabajando afuera, y pasa una bandada de loros. De repente, veo que uno se abre, y baja planeando a toda velocidad, casi me toca, y grita:

- ¡Chau, Manuel!

No, si era inteligente, ese lorito.”

(Relatado por don Andrés Martínez).

sábado, 23 de enero de 2010

Argenchino avanzado. Uso de la conjunción disyuntiva.


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No se puede negar que los chinos del mercadito le ponen todo el empeño al aprendizaje de este difícil idioma de los argentinos. Y el esfuerzo es meritorio. No es para desdeñar lo que están logrando estos nuevos inmigrantes argentinos. Quisiera verte, lector o lectora, intentando hacer un cartelito en mandarín.


Esta vez, les habían informado que no siempre hay que utilizar la conjunción "o", porque a veces se genera una cacofonía. Pongamos, en lugar de "Ernesto o Osvaldo", habría que escribir y decir "Ernesto u Osvaldo".


Al neófito, o más bien a la neófita, la cosa le pareció muy clara. Y viendo que por ahí había una "o" final, pues entonces se atuvo a la regla recién aprendida, escribiendo:
Por favor depositar su bolso u cartera en el casillero.
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jueves, 7 de enero de 2010

Cutralqueo


La terminal de ómnibus de Villa Intranquila.
Foto en es.wikipedia.org
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Para quien no es de esta región, vale una aclaración previa. Se le llama “paisa” (la palabra tiene un matiz de afectuoso compañerismo) a todo varón de origen mapuche, o bien mesturado pero mayormente con raíces en dicho pueblo.

El cuento trata de dos paisa que acaban de cobrar por su trabajo en la temporada de esquila. Al verse con unos cuantos pesos en las manos, deliberan cómo disfrutarlos de la mejor manera:

- Y qué te parece si nos mandamos un viajecito.
- Bueno, viajamos.

Van a la terminal de ómnibus, y allí el más habilidoso para el trato con la gente se arrima a la ventanilla a consultar:

- ¿Pasaje pa’Cutralqueo?

Con cierto aire de suficiencia, el empleado lo corrige:

- Para Cutralqueo no hay. Será Cutral-Co…

El hombre se vuelve hacia su compañero, que estaba ahí atrás suyo:

- Cagaste, Cutralqueo. Vos no vas a poder viajar.

(Narrado por Juanchi Villalba).

sábado, 14 de noviembre de 2009

Convenciendo al cliente, o el terror como propaganda


Según estos amigos humoristas españoles, Aznar ha sido afectado por el virus del Chiquinaca.
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El Chiquinaca había tomado a su cargo el mercadito y la carnicería que en su tiempo pertenecieron a Juancho González (aquel que comentaba “a la mañana no viene nadie… y a la tarde… a la tarde siempre merma un poco”).

La especialidad de la carnicería del Chiquinaca eran los ovinos; suculentos corderos y capones, tiernos borregos que él conseguía en el campo y ofrecía a la clientela.

Pero este conocido mío que cayó a comprarle, tenía que seguir un régimen especial de comidas. El médico le había aconsejado que más bien se alimentara con pescado o pollo, por eso del colesterol.

El Chiqui no tenía pollos ese día, o quizás nunca. Hombre de más de un centenar de kilos de peso, su saludable aspecto era una viva publicidad de las bondades del cordero patagónico, acompañado por los colorados, sabrosos y bien olientes chorizos secos que él elaboraba.

Cuando el cliente le pidió pollo, el carnicero le explicó pacientemente los motivos por los cuales le convenía comer cordero, que es mucho más sano. Pero el fulano insistía con su maldito pollo. Entonces el Chiquinaca, enterado de algunos secretos de los alimentos genéticamente modificados, acudió a su argumento definitivo:

- No sé con qué los alimentan. Fijate que a un primo mío que siempre come pollo, le salieron tetas.

De modo que compré un costillarcito de cordero para hacerlo al horno.




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Episodio vivido por el compilador del blog.

¡Tiene que ir al Senasa!


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Frente a Villa Intranquila, río por medio, se encuentra la pintoresca población de El Ladillal. Por pertenecer a otra provincia, El Ladillal tiene su propia municipalidad. A pesar de nuestra pertenencia intranquilense, debemos reconocer que el municipio de allá cuenta con un hermoso edificio, casi más lindo que el de acá. Eso sí, es fácil perderse ahí, no por el tamaño de la construcción sino por su tortuoso diseño con pasillos curvos. Ni que los planos los hubiera hecho Edgar Allan Poe.

Pero en fin, el hombre había logrado llegar a la oficina donde se expiden las guías de campaña para transportar vacunos. Lo atendió la empleada, una mujer que lleva años en la administración municipal.

Una vez que pagó el arancel, el individuo estaba dándole a ella los detalles de la transacción. Tantas vacas, marca tal, transporte Fulano, destino General Cerri, etc. La empleada le pidió un certificado de no sé qué.

- No, no lo tengo. Me lo dan ustedes… - aventuró el solicitante.
- Ah… nooo… ¡eso lo tiene que pedir en el Senasa! – respondió la empleada, refiriéndose al servicio nacional de sanidad animal.

Levantó el hombre los brazos al cielo, pensando hasta dónde tendría que ir ahora.

- ¿Y dónde queda el Senasa? –

La mujer señaló vagamente. Después se levantó de la silla que estaba ocupando, fue hasta el escritorio de al lado y se sentó en otra:

- Acá.
Narrado por Eugenio Rodríguez Reig.

domingo, 6 de septiembre de 2009

¡Me conoció...!

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Si hay un cielo para los caballistas (o un purgatorio), por allí andará Mariano López semblanteando pingos, charlando con dueños y jinetes, y levantando apuestas.

Cuentan que en una oportunidad, en algún lugar del Valle Medio, recibió apuestas a favor de uno y otro pingo. Las cantidades eran bastante importantes. Terminada la cuadrera, los ganadores buscaron inútilmente a Mariano, que para esto había puesto una prudente y extensa distancia entre su persona y el lugar de la competencia.

Pasó el tiempo. Al cabo como de dos años, parece ser que uno de los frustrados ganadores encontró al desaparecido en Villa Intranquila. Y ahí fue la cosa…

Cuando apareció Mariano en el bar, venía lleno de tierra, con los pelos revueltos, la ropa desacomodada y hasta algún machucón en la cara.

Alguien se animó a preguntarle qué le había pasado, y le explicó:

- Pero podés creer… después de tanto tiempo… ¡Me conoció el sinvergüenza!


Narrado por Dani Martínez

El Moto lucha contra un íncubo

Antiguo íncubo, de los tiempos anteriores al cine de terror.

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Ahora joroban mucho con las películas de exorcistas, poseídos, poseídas y similares. Pero episodio peludo fue el que tuvo que afrontar el Moto (Timoteo) Duarte, en su lucha casi frontal, nada menos que contra un íncubo, o algo así.

Porque los demonios cachondos se subdividen entre íncubos y súcubos. Estos últimos se presentan en los sueños nocturnos para hacer las veces de mujer, y producir el consiguiente deleite de quien está soñando. En cambio, los íncubos hacen las veces de varón.

La esposa del Moto se sinceró con él. “Cada vez que vos te vas de casa, aparece un tipo grandote. Sin decir palabra, me agarra, me lleva a la cama y” … y se abusa, dijo ella en otras palabras. “Después se va nomás. Pero me amenaza, y como es grandote me da miedo.”

“Dejámelo nomás a mí” dijo el Moto. Y al otro día, a la hora de salir rumbo a sus tareas habituales, se escondió bajo la cama.

Apareció el sujeto, y de prepo nomás hizo lo habitual. Resultó tener un corpachón destacado. El Moto permaneció mudo bajo la cama.

Cuando se fue el presunto íncubo, el marido salió de la sombra del lecho.

- Y al final, ¿qué pasó con vos? No hiciste nada... – le recriminó la mujer.
- Je… ahora no se dio cuenta el tipo, pero ya va a ver… ¡Le escupí todas las alpargatas!


Relatado por Andrés Martínez

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Lo que vale...

Pueblo jujeño, una bella obra de Jorgelina Marchesi, en
http://www.artelista.com/autor/6822699057077723-marchesi.html

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Hay gente poco seria y de dudosa estatura ética, que no cree en el valor de la palabra. Para esa clase de personas, un apólogo que los hará reflexionar y quizás cambiar de actitud. Nos lo envía el colaborador honorario Julián, desde Ushuaia. Hemos modificado el apellido del protagonista... un hombre de palabra.

Lo que vale…

El otro día en el laburo me contaron una historia que modificada puede ir al blog.

Había un ñato que se llamaba Giménez de apellido, oriundo de Jujuy. Cada vez que se tomaba vacaciones se iba por tierra: flor de viajecito! La cuestión que es que siempre estiraba las vacaciones: a los 30 días que tenía, le agregaba por alguna circunstancia algunos días más.

Hete aquí que una de esas veces, se va Giménez de vacaciones, pasan los 30 días y nada, 40 días y ni noticias, 45 días y todo el mundo preocupado por si le hubiera pasado algo en la ruta, etc. A los 50 días cae Giménez a laburar.

Lo llama el director para pedirle explicaciones, re-caliente con la demora del empleado para retornar al trabajo. Entonces este se despacha: no sabe usted, primeramente ya sobre el final de las vacaciones me agarré una gripe que casi me pasa para el otro lado, ni pensar en manejar, imagínese! Y cuando salgo de esa, no va que se muere -y acá le manda algún pariente muy cercano, como para justificar quedarse- así que entre velorio, entierro y todos los trámites que se imagine, recién hace 4 días pude emprender el regreso, y acá estoy…

Entonces el director, viendo que la situación había sido grave, le expresa sus condolencias, cambia el tono de la conversación, etc. Y pasado un poco el mal momento le dice que no se haga problemas, que presentando los certificados en el Departamento de personal no va a tener inconvenientes.

Entonces Jiménez se pone concluyente – y de paso, moralista: no, qué certificados ni certificados; en mi tierra lo que vale es la palabra!

Gracias, Juli.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Las palabras tienen poder... también calorífico!

En la foto, Bepo Ghezzi
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El linyera y el poder de las palabras





Emilio Benini era un experto en el arte de encontrar agua bajo tierra. Había armado una pequeña empresa con la que hacía perforaciones en los campos de la zona de Villa Intranquila, y aún mucho más lejos.

En una oportunidad estaba trabajando con su gente cuando apareció un linyera en el casco del campo. Ya se venía la tardecita invernal, y era evidente que iba a helar fuerte esa noche.

El croto pidió permiso al encargado o dueño del campo, y se lo autorizó a dormir en el galpón, previa churrasqueada compartida, como es costumbre.

Lo vieron comenzar a armar su camastro, con los ponchos que llevaba en su propia linyera (así se llama el atado de pilchas, y por extensión, quien lo lleva).

Ironía etimológica: la palabra linyera está emparentada con la finísima y erótica lingerie… Nada más lejos de ello que las prendas que sacó a relucir el linyera. Pero hubo un detalle que hizo perdurable la memoria de este encuentro, y de su ignoto protagonista.

El hombre iba sacando ponchos de aquel mono. Al extraer el primero, sacudirlo y tenderlo sobre el suelo del galpón, le decía en voz alta:

- Bueno, a ver, Braserío… vamo’a ver cómo se porta, con la helada que se viene…

Aquel poncho llamado “Braserío”, qué calor podía dar... si era un conjunto de tristes hilachas nomás. Pero el croto ya estaba sacando otro del atado, sacudiéndolo y tendiéndolo también:

- Y a ver usté Sol de Enero, a ver cómo se porta. – Este poncho era todavía más rotoso que el anterior. Pero faltaba uno:

- Y a ver, ¡a ver Fogonazo!... – Este era el más lamentable de todos, apenas un trapito agujereado.

Quien lo contó, y quien me lo recontó a mí, y ahora yo, estamos en la duda: quizás el poder de los nombres haya hecho que el croto soportara mejor aquella noche de helada…
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Sea este relato en homenaje a Bepo Ghezzi, maestro en crotear y en pensar libre, protagonista de una de las películas más bellas del cine argentino.





Gracias a Andrés Martínez, quien me relató lo que a él le había contado Emilio Benini.


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jueves, 13 de agosto de 2009

Apúrese, señor Gobernador...

La "manzana del gas", donde estaban los grandes tanques
que alimentaban la red domiciliaria hasta la década del 70.

El ceremonial y la garrafa
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¡Y por fin, llegaba el gas natural a Villa Intranquila! Fue en la década de los '60. En un principio no era que la Villa estaba conectada a un gasoducto (esta conexión se daría recién a comienzos de los '70), sino de que toda la red del pueblo estaba alimentada por unos grandes tanques. Esos tanques estaban frente a la sala de máquinas de la Cooperativa Eléctrica, en la calle Brown.


Allí se produjo la inauguración de la obra. Vino el Gobernador de la Provincia, y lo recibieron los vecinos y las autoridades locales, encabezadas por el entonces intendente, el socialista Euranio Rusconi.


Como es habitual en estas inauguraciones, se encendió una llama cuyo resplandor acompañaba el acto. La llama no podía alimentarse de la red, porque esta todavía no existía; sólo estaban los enormes tanques allí cerca. De modo que se enterró una garrafa, de la que sólo sobresalía la boquilla. Allí conectaron un mechero, que fue encendido poco antes del comienzo del acto.


Llegaron las delegaciones, se aplaudió a los abanderados de las escuelas, se cantó el himno nacional, se cantó el himno de la Provincia, pronunció unas palabras el administrador de Gas del Estado, pronunció unas palabras el Intendente municipal, y para coronar el acto comenzó a hablar el Gobernador.


El hombre, político de raza, aprovechó para exponer su programa de gobierno, convocar a la adhesión de los ciudadanos... todavía faltaba un poco para que llegara a hablar de la obra de gas, cuando sintió que alguien lo tironeaba respetuosamente de la manga, una, dos veces... Medio se volvió el hombre, como empezando a molestarse; quien así le llamaba la atención, queriendo excusarse, era el intendente Rusconi, que justificó su intervención (en voz baja, pero no tanto como para que no se oyera):


- Señor Gobernador, apúrese, que se termina la garrafa.

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Relatado por Eduardo López.

martes, 4 de agosto de 2009

Otra de exagerados. Barrios y el avestruz.


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En Villa Intranquila ya no queda noticia clara acerca del Barrios protagonista de esta historia.
Pero subsiste sin embargo, venciendo al tiempo y al olvido, el recuerdo de una creativa exageración suya.

Sabrá el lector, y si no sabía lo sabe ahora, que en esta región al ñandú (Rhea Americana) lo llamamos avestruz.

Barrios contaba que en una oportunidad había encontrado un dormidero de avestruz. ¿Existirán tales dormideros? Él aseguraba que sí.

Detectado el lugar donde pernoctaba el bicharraco, allí se fue al otro día a las 6 de la mañana. Pero el ave ya no estaba en el lugar. Al día siguiente probó de nuevo, yendo a las 5 de la madrugada. Tampoco encontró al animal. Y así fue adelantando la hora de visita al sitio. Hasta que una noche, a las 3 y media, vio al avestruz allí dormido.

"Entonces fui caminando despacito despacito, así medio agachado, y me le arrimé. El bicho estaba así, con la cabeza caída para un costado. Ahí le abrí el párpado así con dos dedos, lo miré en el ojo y le dije:

¡Despertate maula, que te madrugó Barrios!"

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Relato de don Andrés Martínez

lunes, 3 de agosto de 2009

Más exageraciones: las del Pólvora Curtis, y algunas otras de don Valdés

Un producto muy conocido hasta los años '40: la pólvora Curtis FFF.

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Queda dicho que la exageración es un género destacado de la literatura oral, intranquilense o de donde fuere. A veces roza con el apólogo; otras veces linda con la farsa.

Hemos mencionado las exageraciones de don Antonio Valdés. Está lejos de agotarse la producción de este autor oral.

“Venían los loros a jorobar en el cerezo. Las mejores cerezas se las comían ellos. Así que un día me cansé, fabriqué un pega pega, receta secreta mía. Y le puse nomás en las ramas del árbol. A la mañana, no va y escucho un barullo… salgo al patio y veo que un montón de loros se habían quedado pegaos al árbol. Cuando me ven, se espantan… y no va que levantan vuelo todos, llevándose el árbol, che.”

Con este don Valdés pasa como con el Mulá: un cuento trae otro, y es difícil hacer una pausa.

“Tengo la tomatera, vio. Y salen grandeciiitos los tomates. A veces viene una nena de los vecinos a querer comprarme un kilo… pero qué voy a hacer, no me voy a poner a cortar un tomate por la mitad. Me lo hacen de pura picardía, yo me doy cuenta. Pero en fin… le doy el tomate entero y listo.”

Los exagerados compiten entre ellos, a ver quién agranda más la nota. Esta vez se incorpora a la competencia el Pólvora Curtis, nativo de Pringles o por ahí, pero naturalizado intranquilense por gestión de don Andrés Martínez, que nos transmitió sus relatos.

El Pólvora Curtis se llamaba en realidad Francisco Félix Feraud. La pólvora fabricada por Curtis y Harvey, importada de Inglaterra, se caracterizaba porque en su lata mostraba la cantidad de letras F que calificaban la finura de la molienda. La 3 F era la más utilizada, un producto bastante fino.

Este hombre apellidaba así, Feraud, como el atrabiliario personaje del inmortal cuento de los duelistas escrito por Joseph Conrad. La vida imita a la literatura; este Feraud era tan cascarrabias y mal llevado como el personaje del cuento.

Pero mejor, en vez de tanto chismerío, escuchémoslo. Vamos al artículo siguiente.
(Exageraciones de don Valdés, narradas por Eduardo López. ¡Gracias!)

Más exageraciones: las del Pólvora Curtis, y otras de don Valdés

Mollie nos permitió usar esta foto suya.
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CONTABA EL PÓLVORA CURTIS...

Los gatos cazadores

“Me alquilaron los gatos. No se extrañe, don. Tengo unos gatos muy buenos cazadores, y los alquilo para limpiar galpones y casas de las lauchas, las ratas. Pero este galpón sí que estaba lleno, mire. Los llevé a la tardecita, en una canasta, y los solté ahí. Toda la noche se sentía el bochinche, cosas que se caían y todo eso. A la mañana, abrimos y no se veía ni escuchaba una sola laucha. Los gatos estaban todos quietitos en el rincón, como llenos vio. Lo que me llamó la atención, estaban sudando todavía.”

Peludeando

“Vi un peludo cruzando la huella y me le fui atrás. Se metió en la cueva pero lo saqué. Y volví a meter la mano, y no va que agarro otro. Y después otro, y otro… lo que era eso! Catorce peludos saqué.”

Cacerías extraordinarias (nada inventó el cine fantástico)

“No hay como esos perros perdigueros. Figúrese que vez pasada arrinconaron una centeya en la galería de casa. Y otra, que los chumbé, me ayudaron a agarrar un trueno chiquito. Lo tengo guardado en una damajuana de boca ancha.”


(Para este comentarista, el cuento de la centella y el del trueno chiquito son obras maestras del género. Usted, ¿qué opina?)



Gracias, don Andrés.

lunes, 20 de julio de 2009

De varios lecheros, y uno con muy buena leche


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¿Se acuerda de los carritos de lechero? Hemos evocado esos carros y la música de las herraduras sobre el pavimento cada mañana, en otro lugar. Pero ahora vamos a tributar un recuerdo a los lecheros que supo haber en Villa Intranquila, cuando este noble e hidratante oficio no había sido también acaparado por las grandes empresas.

El lechero se levantaba a la madrugada, ordeñaba las vacas, cargaba la leche en tarros cuya tapa cilíndrica servía de medidor, y salía en un carrito tirado por un caballo, a repartir el producto casa por casa. La confianza en él era tal, que rumbeaba nomás para la cocina, y allí charlaba con los dueños de casa mientras dejaba la cantidad solicitada en la olla donde sería hervida.

Pablo Pizá, don Pilotti

Lechero fue don Pablo Pizá, de quien no se registran anécdotas en cuanto a agregados acuáticos a la leche. Lo fue también un señor Pilotti, de quien se narran algunas historias.

- "La leche de Pilotti tiene una ventaja: si se hierve, nunca se vuelca de la olla". (La intencionada observación apunta a que, siendo mayormente agua, el líquido no rebasaba el recipiente).

- Don Pilotti venía cruzando el puente viejo; el viento le quitó el sombrero y se lo tiró al río. Como había comprado el sombrero con plata de la lechería, entonces dijo "Lo que el agua trajo, el agua se lo lleva".

Un lechero autocrítico

Lechero fue también aquel (cuyo apellido les debo) que dos por tres se pasaba de vueltas con la grapa de la madrugada, tomaba algo más que una copita, y llegaba por demás enrojecido a casa de sus clientes. En cierta ocasión, no cumplió con su habitual recorrido. A la mañana siguiente, alguna señora le preguntó si acaso el ternero se había tomado toda la leche de la vaca.

- ¿Qué pasó ayer, don ..., se mamó el ternero?

- Qué ternero, señora... me mamé yo.


...y un lechero con buena leche


Pero el que ha dejado recuerdos más simpáticos ha sido el Ñato Pablo, por su total falta de malicia.

Alguna vez, cuando el nene se estaba portando mal, la mamá lo amenazaba

- Mirá Carlitos, que va a venir el cuco, eh... ¿Cierto, Ñato, que está el cuco ahí afuera?

- Yo no lo vi, señora...


Otra demostración de buena fe dio el Ñato en una situación crítica:

- Así que no querés tomar la sopa, nene... Sabés qué... se la doy al lechero, y que se la tome él.

- Bueno, señora.- Y el Ñato se sentó a la mesa, blandió la cuchara y le tomó la sopa al gordito Romo.

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(Relatos de Eduardo López, Raquel Altamiranda de Martínez, y otros de difusión generalizada).

sábado, 18 de julio de 2009

Doble identidad

La gente de Heber Farías esquilando maneados.
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Timoteo "el Moto" Duarte vivía y trabajaba en Villa Intranquila. También vivía aquí su hermano gemelo, pero se dedicaba a trabajos de campo, y en particular a la esquila.


En una oportunidad, el gemelo del Moto se enfermó precisamente cuando tenía que salir para el campo a cumplir con un contrato de esquila. Si fallaba, el dueño del campo no volvería a contratar esa tarea con él - y de paso, se desprestigiaría con otros potenciales clientes.


Así pues, se le ocurrió acudir al hermano que era tan parecido a él.


- Moto, por qué no vas vos al campo de don Fulano, te hacés pasar por mí y arrancás con la esquila. Y dentro de unos días voy yo, apenas esté sano.


El Moto accedió. Y llegado el día, apareció nomás en el campo indicado.


Se presentó ante el dueño:


- Qué tal, don Juan, cómo va...

- Bien che. Y qué es de la vida del Moto?

- Y... allá me quedé.



El Mulá agradece este genial cuento filosófico a Héctor Luis "el Nene" Pulita.
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Suerte, la del muerto


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Se llevaba a cabo el velatorio de uno de los innumerables integrantes de la familia Albizúa. Hemos descripto esta clase de velatorios en otro artículo (ver: "Que se besen los novios!"). Una considerable cantidad de parientes se juntaba para despedir al finado, y de paso para realizar las presentaciones de los niños nacidos en el intervalo con algún encuentro anterior, comentarse las novedades de la hacienda y el estado de los campos, y demás temas de interés común.


Esta vez el velorio acaeció a los pocos días de una lluvia que le vino muy bien a los campos de la zona. Los deudos, acodados sobre el féretro, se comentaban por encima del fallecido los milimetrajes que habían beneficiado sus establecimientos.


- Allá en el lote 13 cayeron 25 - decía uno.


- Pero a mí me cayeron 15 nomás - informaba otro.


Y terció uno en la charla, señalando al muerto con la barbilla:


- El que la pegó fue este. En el campo de él cayeron como 40...


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(El Mulá agradece a Eduardo López la narración de este magnífico cuento).

domingo, 14 de junio de 2009

Interculturalidad en la escuela. 1. El cuervo y la quetedije. 2. Una adivinanza.

Acceso a la Escuela 46 de la Colonia Juliá y Echarren.
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Hoy por hoy se escribe y se debate un montón acerca del encuentro de las culturas en el ámbito escolar. Felizmente, vamos apartándonos de aquella idea que nos viene desde el siglo XIX, según la cual la escuela transmite “la” cultura, una y única. Gana en aceptación otra manera de pensar las cosas: cada quien tiene “su” cultura, y hay que respetarlas a todas, y trabajar con todas ellas en las aulas.

Esto lo supo tempranamente la amiga Norma Ferreyra, que inició su tarea docente en la Escuela del Barrio Unión.

Al Barrio se lo llamó, hasta mediados de la década de 1970, “Chile Chico”, porque sus pobladores sin escrituras (hoy diríamos “okupas”) eran mayoritariamente chilenos. La irregularidad de los títulos de propiedad fue resuelta años después, hacia 1984-86, por un intendente de los tiempos de la democracia.

Pero vamos a nuestro tema: encontramos a Norma, buena persona y laboriosa maestra, al frente de su 3er. grado en la Escuela del Barrio. Se le ocurre que una buena práctica puede ser la lectura y comentario de fábulas con sus chicos. Lleva algunos libritos, se los lee, y luego los presta para que los alumnos se los lleven a casa.

Algo que le extraña, es la insistencia de los chiquillos en torno a una fábula determinada, esa y no otra.

Ingenuamente, Norma desconoce que algunas palabras pueden tener otras connotaciones, según el medio en que nos encontremos. Nos comenta:

- Todos los días piden que les vuelva a leer la misma historia. Me dicen: “Seño, cuente esa del cuervo y de…” Entonces yo digo “la zorra y el cuervo… ¡y ellos se matan de risa, no sé por qué!”



2. Interculturalidad en la escuela 2. Una adivinanza.


Otra experiencia intercultural fue planteada, allá a comienzos de los ’80, por una practicanta del Instituto de magisterio de Villa Intranquila.

Griselda “Tati” Devesa, de ella se trataba, estaba haciendo su residencia docente en un cuarto grado de la escuela Nº 46, de la Colonia Juliá y Echarren. Quiso dar coherencia a su práctica con un modo de pensar renovado, y se propuso que la clase fuera un ámbito de recepción y reproducción de la cultura popular. Se trataba, así lo planteó, de reconocer y valorar las creaciones culturales que los alumnos traían de sus hogares.

Así pues, ese día planteó el primer abordaje de su tema:

“A ver, chicos, ¿qué adivinanzas conocen?”

La clase transcurría por los aburridos caminos que eran de esperarse… redondo redondo barril sin fondo, o con fondo, etc. Hasta que un simpático morochito de ojos vivaces vino a proponer:

- Pelo arriba, pelo abajo, y en el medio tiene un tajo.

Medias sonrisas de compromiso de la practicante, de la maestra del grado, del profesor observador, a quien conozco de cerca… Sudor frío. Nos imaginábamos ya la intervención de la directora, la supervisora, el ministro y hasta el gobernador. Afortunadamente, no alcanzó a transcurrir un minuto sin que el chico diera la respuesta al acertijo. Como extrañado ante nuestras expresiones de temor, dijo la solución:

- ¡El ojo, señorita!
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Significado del 20 de junio


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No diré el nombre de la practicante, porque esto le pudo pasar a cualquiera.

La chica había leído muchísimo acerca de Manuel Belgrano, del por qué de los colores de la bandera, y demás. Le tocaba hacer su práctica organizando y dirigiendo el acto escolar del 20 de Junio.

Todo estaba muy bien preparado. Pero los nervios del comienzo la traicionaron. En rígida posición de firme frente al micrófono, embutida en su estricto guardapolvo blanco y tableado, dijo sus primeras palabras:

- Nos encontramos aquí reunidos, para festejar la muerte del General Belgrano.


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miércoles, 10 de junio de 2009

¡Que se besen los novios!

En la foto, un típico paisaje de campo con jarillas. A lo lejos se divisan las alamedas del valle del Colorado.

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La familia de los Albizúa, de obvio origen vascuence, ha sido pionera en la zona de campos en torno a Villa Intranquila. Y luego también en la ciudad, donde se destacaron y destacan en diversas profesiones y ocupaciones.

Es enorme la cantidad de los Albizúas. Tanto que hay quienes dicen que si se ponen de acuerdo, ellos pueden decidir la elección de un intendente. Hasta hace unos años, solían reunirse con ocasión del velatorio de algún pariente o parienta. Entonces eran de verse las familias enteras que llegaban en multitud de vehículos desde el campo, con sus chicos (a los que obviamente no podían dejar solos allá), se saludaban con alborozo, y se ponían al día comentándose las novedades: que este había nacido hace dos años, mirá qué grande está, que tal otro ya iba a cuarto grado, que el terneraje este año, que el tamaño del alfilerillo ahora que llovió bien, y encima nevó allá, etc.

Todo el mundo charlaba; circulaban el café, el mate, y la copita de anís o grapa para mujeres y varones respectivamente. De a ratos se churrasqueaba, y en algún momento los deudos se daban una vuelta por la cercanía del féretro para saludar el finado.

Los velatorios eran buen momento también para iniciar noviazgos con algún primo o prima lejana. “Primos legítimos” dijera uno de los Santagiuliana para describir este parentesco. No era extraño entonces que luego se produjeran casamientos en simultáneo. Pongamos, dos Albizúas (varones) se casaban el mismo día con dos Albizúas (mujeres) que se habían conocido en aquel velorio. Como decía el dicho “van del velorio al casorio”. Se diría, de la muerte a la vida; una bella metáfora de la persistencia humana. Y de paso, se unificaban los presupuestos de la fiesta, con la consiguiente ventaja.

Aquella vez se celebraba uno de estos casamientos dobles. Los flamantes esposos eran dos mocetones robustos, ambos de apellido Albizúa; y dos chicas del mismo apellido. La fiesta era en el célebre Hotel Vasconia, con una de esas pantagruélicas comidas que preparaban los hermanos Albarracín.

A poco de comenzar la copiosa degustación, uno de esos animadores voluntarios que nunca faltan prorrumpió en el grito de rigor, acompañado por todos los circunstantes con vítores y aplausos:

- ¡Que se besen los noviooos!

Entonces, aunque el pedido pareció haberlos desconcertado un poco, los dos robustos mocetones Albizúa se levantaron de sus asientos y se estamparon un sonoro ósculo entre ellos.


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sábado, 30 de mayo de 2009

Una orquesta realmente fuerte

Martín Karadagian. La música de un luchador.
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¿Recuerdan a la señora aquella de modales refinados, que en la fonda pidió “Peceto por favor, porque en el campo de comer carne estamos cansados” ?

Se le atribuye otra anécdota que, por haberse desarrollado en los años '60, requiere cierta aclaración previa.

Por entonces estaba de moda en la televisión el programa “Titanes en el Ring”, donde se enfrentaban al modo de una farsa, luchadores en disfraz presididos por el súper campeón, Martín Karadagian. Un hombre forzudo, de ancho tórax y vientre destacado, que vestía una apretada malla y botas.

Por otra parte, en la música clásica se destacaba entre otros directores Herbert von Karajan, quien había grabado, entre otras composiciones, las nueve sinfonías de Beethoven.

Escuchemos ahora a la señora, dándose importancia ante alguna conocida:

- Mi yerno es taaaan preparado... Le gusta mucho la música; pero no cualquier música. Tiene todas las sinfonías - esas grabadas por Karadagian…

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El violín aquel... otro exagerado

Luthier de tiempos de Stradivarius. No podemos asegurar que el violín que está terminando haya sido el del Colorado C.
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El Colorado C. tenía fama de ser algo exagerado. Generalmente les relataba a sus conocidos de la Villa los negocios que llevaba a cabo en los mercados internacionales, sus relaciones con lo más granado del capital y la política, y cosas por el estilo. Personalmente lo escuché narrar, sin que se moviera uno de sus rojos cabellos, que le habían encargado comprar terneros y vaquillonas en los campos que rodean a Villa Intranquila para abastecer a las carnicerías… de Curaçao. Todavía hoy me pregunto si acaso aquello no sería verdad. Y cuando pretendieron desalojarlo de su vivienda por una cuestión de dinerillos impagos, hizo gala de su relación con el Ministro del Interior – por entonces un tal Harguindeguy.

Así pues, cuando en cierta ocasión se divulgó la noticia del hallazgo en Italia de un Stradivarius que había estado oculto, y cuyo valor ascendía a una tracalada de dólares, alguien comentó el hecho en presencia del Colorado. Ni lerdo ni perezoso, el hombre salió al cruce:

- Mirá vos… años que tenía un violín ahí en casa, arriba del ropero. Ni me acordaba. Pero con esto que salió en el diario, digo, la pucha, voy ayer y miro, y era de esa marca también…


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Regina y su Indio

En la foto, el Indio Comahue, estatua situada sobre Villa Regina.
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A pedido de un lector, volvemos sobre el apodo “Regina”, mencionado en una de las primeras crónicas de Villa Intranquila. Esta vez con el acompañamiento de la foto que permite entender mejor el motivo de tal sobrenombre.

La foto indica la posición que ocupa la estatua del Indio sobre la barda en Villa Regina. Cuando localmente decimos “la barda”, nos referimos al borde escarpado de una terraza fluvial. El Indio había sido erigido con motivo de la primera Feria Exposición de Villa Regina, en 1964, y sin intención de que perdurara. Pero su autor, un constructor, hizo tan sólida la efigie (de nada menos que 12 metros de altura) que permaneció durante años en pie allá arriba. Paradojas de la argentinidad, en cuyo ámbito lo “definitivo” dura poco, mientras que lo "temporario" casi se eterniza. Bastará pensar en algunos impuestos nacidos en tiempos de don Federico Pinedo, allá por los años 30.

A la estatua se la denominaba “el indio Comahue”, transformando en nombre personal el término mapuche que se utilizaba para designar un otero, mirador u observatorio. En lo simbólico, tamaño homenaje a los pueblos originarios era toda una novedad. El término provenía de los gabinetes de planificación del estado nacional, donde se había dibujado una “región Comahue” más o menos equivalente a la Norpatagonia.

Hecho el explique previo, vayamos al apodo. En una dependencia pública de Viedma de cuyo nombre no quiero acordarme, trabajaba un señor M., al que se conocía como “el indio M”.

El Indio, hombre locuaz, abundaba en descripciones y detalles de las proezas amatorias que realizaba más de una vez por día con su señora esposa.

Los compañeros de trabajo no conocían a la señora. Tampoco sabían su nombre. Pero teniendo en cuenta los relatos eróticos del Indio, les pareció adecuado llamarla “Regina – porque siempre está con el Indio encima.”


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miércoles, 27 de mayo de 2009

Las elecciones son cuestión de huevos


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Ahora que se avecinan las elecciones, brindaremos un servicio especial a los candidatos sin distinción de rótulo ni pelaje, explicando el axioma que da título a este relato.

Comenzaremos aludiendo a la noble historia de las bolas, para luego pasar a los huevos.

El uso de las bolas con fines cinegéticos y bélicos parece ser un rasgo exclusivo e identitario de la argentinidad, desde un principio. En efecto, el arcediano Martín del Barco Centenera, en su largo y a veces ripioso poemón “La Argentina o conquista del Río de la Plata”, nos señala en versos dignos del Carlos Argentino Daneri, dueño él del punto Aleph... y de la chica del relato:

Tan sueltos y ligeros son, que alcanzan
corriendo por los campos los venados,
tras fuertes avestruces se abalanzan ((3475
hasta dellos se ver apoderados;

con unas bolas que usan los alcanzan
si ven que están a lejos apartados,
y tienen en las manos tal destreza
que aciertan con la bola en la cabeza.


No creo que muchos compatriotas contemporáneos puedan lograr con las bolas esta puntería de que hacían gala los charrúas.

Las bolas o boleadoras sirvieron también para convencer a algunos conquistadores acerca de la necesidad de mayor diálogo intercultural. Claro que los mosquetes, los perros de presa y las ballestas de los evangelizadores armados fueron más convincentes.

Pero lo que no estaba previsto por don Martín fue el uso de los huevos en las contiendas electorales. Voy al relato.

General Conesa, localidad no lejana de Villa Intranquila, era en los años que siguieron a 1983 un bastión del peronismo. Pero sucedió que en una de esas campañas un candidato local, Mariano “Chiche” Palomar, radical él, arrasó a los contrarios.

La estrategia de Chiche consistió en ponerle huevos a la campaña.

Aficionado a la cría de gallináceas, solía ir a las exposiciones de aves de Buenos Aires para comprar ejemplares de pedigree. Supo allí que los criadores desechaban cantidades de huevos de esos ejemplares finos, para no saturar el mercado. Charlando con uno y otro, Chiche logró que le regalaran cierta cantidad de esos huevos. Hay que decir que sus dotes para la comunicación lo ayudaron en esto.

En el pueblo, se dedicó a visitar a las señoras mayores que en los barrios eran las principales votantes del peronismo. Sin incursionar en temas electorales, tan sólo les señalaba que podrían mejorar los resultados de las incubaciones de sus gallinas. “Yo le voy a traer algunos huevos, doña. Pruebe y después me dice.”…

A Chiche lo reeligieron varias veces como intendente. A tal punto que alguna vez confesaba “Tengo que irme de la intendencia. Ya van doce veces que tengo que buscar discurso para el 25 de mayo, y veo que me empiezo a repetir.” Después fue legislador también.

Moraleja de este cuento para aspirantes a cargos electivos: … … … (llenar la línea de puntos).
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domingo, 17 de mayo de 2009

Romántica conversación en un baile de pueblo


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Un cuento del Tiyo Nouviale


El amigo Alfredo "Tiyo" Nouviale ha escrito un entretenido libro de recuerdos y pensamientos. En la foto pueden ver ustedes la tapa de este volumen, que abunda en datos interesantes para la historia del trabajo, la producción, el clima y las costumbres del este pampeano entre 1900 y 1970.

En muchos momentos el sentido del humor de Tiyo matiza la conversación – pues una amena conversación es este libro.

Para muestra, un relato breve: en la página 168, el autor nos describe el encuentro de una pareja de chica y chico de campo en uno de los bailes de Anchorena, Riglos o Macachín.

“No se tenía mucho argumento para hablar con la compañera: de programas de televisión no podías hablar porque no había, de estudio tampoco porque no se estudiaba, de cultura menos porque se leía poco… Y esto me hace acordar de un muchacho de campo que sacó a bailar a una chica vecina, y se entabló esta conversación:

Él: Decime, ¿no sabés si se les perdió el cojudo?
Ella: La verdad que no sé.
Él: Porque yo estaba esta mañana descascarriando una oveja en el corral y vi pasar un cojudo, y por el tipo de chancho pensé que sería de ustedes.
Ella: Le voy a preguntar a papá."
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¡Va con v corta!

Foto: con el dialecto argenchino, el Sr. M tendría harto trabajo en su Defensoría.
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El Sr. M, ombudsman de la ortografía intranquilense

Con esta tendencia a crear cargos de Defensores de esto y aquello, quizás algún día, en la reforma de la Carta Orgánica de Villa Intranquila, se prevea la existencia de un Defensor de la Ortografía. Tendría trabajo, como usted, amiga o amigo lector, puede comprobarlo en este mismo blog.

Si así fuere, propongo que para el cargo sea designado el Sr. M. Nadie más que él se ha dedicado a defender la ortografía y el buen uso del idioma, desde su condición de ciudadano.

Para argumentar a favor de mi pedido, me contentaré con traer a colación tan sólo un relato de las intervenciones del Sr. M (hay otras, detalladas en este mismo blog… pero esta vez tenemos que mantener el anonimato. por motivos que se verán).

Para ubicarnos, es preciso señalar que el negocio del Sr. M está frente al negocio del Sr. L.

En cierta oportunidad, el Sr. L había decidido renovar la cartelería de su local. Este tiene vidrieras de generosas proporciones. Allí habían pintando ya “Fábrica de ”… y el letrista estaba empeñado, con minucia y seriedad, en hacer la larga lista de productos allí elaborados.

En ese momento, el Sr. M, desde su local, percibió una tendencia errónea. ¿Cómo hacérselo saber al señor L, sin que este se sintiera incómodo?

El señor M recurrió al teléfono:

- Hola, sí… ¿con el señor L?
- Sí, ¿qué desea?
- Don L, habla un amigo anónimo. Ravioles no va con b larga, es con v corta.

M se sintió regocijado cuando vio desde su vidriera que L salía, y agitando el dedo índice le advertía al pintor…

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miércoles, 13 de mayo de 2009

La sexualidad femenina, ese dulce misterio...


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Villa Intranquila es un pueblo chico. Por lo cual uno se entera de los decires e intimidades de casi todo el mundo. Vencemos nuestros pudores, para proclamar, atentos al deber de informar el soberano, que ha llegado el momento de compartir los comentarios entre jóvenes varones que se refieren a la sexualidad femenina.


Es cierto que a veces carecen de conocimientos específicos, y por consiguiente no manejan la terminología adecuada. Pero los muchachos le ponen voluntad. Y no por eso se vuelven “afemeninaos” como dijera don Ramón Ustáriz.

Estas frases han sido escuchadas en conversaciones de muchachos de la Villa. Pensamos que algunos términos se contaminan con la vida rural y el entorno inmediato. Por ejemplo, el tractor Zétor es un elemento de trabajo muy conocido en las chacras; no es raro que lo confundan con el clítoris. Y la numerosa familia Ovando, de pobladores venidos de Chile, constituye una conspicua presencia en la Colonia.

Las frases son verídicas. Lo sostenemos hasta con la mano en el fuego exclusive (dijera un maestro de maestros):


- Y viste, ella jode con el clítor, el clítor ese...y dale con el clítor… pero yo nunca lo ví al clítor.

- Que no quería que le ande tocando la banquina. Y qué sé yo dónde es la banquina… será la zanja, digo.

- Me fui hasta Bahía el fin de semana, para /…/ con ella vistes. Y resulta que me dice que no, que no podía, que le dolían los Ovandos.

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lunes, 11 de mayo de 2009

Esas pobres minas... informa don Ecuménico

En el cartel: Dirección, Kuanip y Ahorcadas del Sur. Pobrecitas...
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Este es un hallazgo de Don Ecuménico, rastreador virtual del extremo sur. Les recomiendo visitar su blog, en el que comparte acertijos matemáticos, paisajes de Ushuaia de una belleza desgarradora, reflexiones sobre el puto cambio de un desagote de pileta y... esperamos que pronto incorpore comentarios sobre las actividades culturales de "Ush", donde hay mucho más para ver y emocionarse que por estas latitudes.


Esta vez, don Ecuménico detectó un cartel que recuerda a esas sacrificadas "Ahorcadas del Sur". No las "Orcadas", nombre copiado de las islas Orkney del Mar del Norte, sino estas pobres chicas. El comentario de Don Ecuménico me exime de mayores precisiones.


Las Ahorcadas del Sur también existen.

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jueves, 7 de mayo de 2009

¿Será un pingüino político subliminal?

Bajo la última arcada a su izquierda, el pingüino.
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Posiblemente el hombre sea partidario del gobierno actual, pero en lugar de publicitarlo, lo insinúa.


Un pingüino para aquel lado, por favor...
(Ahora sólo faltaría un estilita local sobre la columna que espera ahí al frente).
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Revolución ortográfica


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La amiga poetisa Silvia Sánchez nos envía este cartel. Sus autores merecen ser declarados miembros de número de la Real Academia Intranquilense.


Uno duda entre la ropa "husada", la paralela (una sola, más que paralela es una paradoja) de "ginacia", o la mesa de "campin". ¡Qué esfuerzo, juntar tantas creaciones en un solo cartel!


Y bueno, nos dirá algún investigador de la lengua que muta y vive: al fin de cuentas, la gente se da a entender. Quién nos dice que dentro de unos añitos la RAE no incorpore estas nuevas formas creadas por nuestra RAI...


Gracias, Silvia, y ¡bienvenida a Villa Intranquila!