
Si hay un cielo para los caballistas (o un purgatorio), por allí andará Mariano López semblanteando pingos, charlando con dueños y jinetes, y levantando apuestas.
Cuentan que en una oportunidad, en algún lugar del Valle Medio, recibió apuestas a favor de uno y otro pingo. Las cantidades eran bastante importantes. Terminada la cuadrera, los ganadores buscaron inútilmente a Mariano, que para esto había puesto una prudente y extensa distancia entre su persona y el lugar de la competencia.
Pasó el tiempo. Al cabo como de dos años, parece ser que uno de los frustrados ganadores encontró al desaparecido en Villa Intranquila. Y ahí fue la cosa…
Cuando apareció Mariano en el bar, venía lleno de tierra, con los pelos revueltos, la ropa desacomodada y hasta algún machucón en la cara.
Alguien se animó a preguntarle qué le había pasado, y le explicó:
- Pero podés creer… después de tanto tiempo… ¡Me conoció el sinvergüenza!
Narrado por Dani Martínez
Cuentan que en una oportunidad, en algún lugar del Valle Medio, recibió apuestas a favor de uno y otro pingo. Las cantidades eran bastante importantes. Terminada la cuadrera, los ganadores buscaron inútilmente a Mariano, que para esto había puesto una prudente y extensa distancia entre su persona y el lugar de la competencia.
Pasó el tiempo. Al cabo como de dos años, parece ser que uno de los frustrados ganadores encontró al desaparecido en Villa Intranquila. Y ahí fue la cosa…
Cuando apareció Mariano en el bar, venía lleno de tierra, con los pelos revueltos, la ropa desacomodada y hasta algún machucón en la cara.
Alguien se animó a preguntarle qué le había pasado, y le explicó:
- Pero podés creer… después de tanto tiempo… ¡Me conoció el sinvergüenza!
Narrado por Dani Martínez