martes, 25 de mayo de 2010

El que tiene perro, que lo ate.



...


A veces, lo cotidiano se roza con lo metafísico. Quizás siempre, pero en ocasiones se percibe más. Esto sucedió alguna vez en Villa Intranquila, donde gracias a los perros vagos un Intendente reencarnó al eleata Parménides.


Hete aquí que una patota de canes andaba por las calles de la Villa. Más de un vecino se molestó porque un gozque se le atravesó entre las piernas, enceguecido por la presencia de una Lassie campestre que estaba en tiempo y con aroma de merecer.


Un día sí y otro también, el sufrido intendente recibía y escuchaba a los vecinos quejosos. Hasta que se decidió a tomar el toro por las astas, o más bien los cuzcos por el pescuezo. Ahora bien, no olvidemos que hay que saber manejarse con política. Había que poner en vereda a los dueños de mascotas que no se hacían responsables por ellas; pero se debían evitar conflictos con los vecinos que no estaban implicados en el problema. Que estos no se sintieran sometidos a obligación alguna. No van a pagar justos por pecadores, pensaba el hombre.


Redactó entonces una memorable ordenanza, de la que envió copia a la administración provincial. Gracias a nuestras fuentes confidenciales, hemos tenido acceso al texto, que así decía:


Visto


los perros


Artículo 1º.- El que tiene perro, que lo tenga atado.


Artículo 2º.- El que no, no.


... (Relatado por la poetisa María Alejandra Naumchuk, quien asevera que es rigurosamente cierto. Gracias, Mañu.)

1 comentario:

germán arens dijo...

dejate de joder!!!jaja!