domingo, 1 de febrero de 2009

‘causa de la rienda larga


Con facilismo solemos atribuir un hecho, que llamamos “efecto”, a otro hecho anterior, al que llamamos “causa”. Pero el comportamiento del mundo parece ser bastante más complejo; habitualmente el “efecto” ha sido producido por mucho más que una “causa”.

La discusión puede dar para más, pero nos limitaremos a transmitir un relato que ironiza sobre esta supuesta relación mecánica y unidireccional entre las causas y los efectos. Me lo contó el amigo Jorge Valdivia, habitante de San Antonio de Arredondo, coreógrafo, profesor de danzas, eximio bailarín de folklore, y estudioso de las costumbres y las artes populares y campestres. Aunque el sucedido no se produjo en Villa Intranquila, declaramos a Jorge, y al protagonista de la narración, ciudadanos honorarios de esta población – y con ello, incorporamos el cuento a esta colección.

Don Lucero (de quien no se me dijo el nombre de pila) era un poblador que tenía su campito en la sierra, por el lado de Icho Cruz. Hombre de hogar, tenía dos a falta de uno. Hogares, queremos decir. Cada uno con una esposa.

A fuer de cumplidor, don Lucero visitaba a diario las dos casas. Quiso la suerte, o la mala suerte, que a mitad camino hubiera un boliche, donde era posible parar a cualquier hora para tomarse un trago. Ya sea que fuera de esta casa a la otra, o volviera de la otra a esta, don Lucero paraba a entonarse.

-Y así murió don Lucero. ‘causa de la rienda larga

Pregunté cómo es que había ocurrido eso.

- Él tenía una mula blanca, que ya sabía el camino y lo llevaba aunque él estuviera borracho. Pero le dejaba muy larga la rienda. Entonces, cuando salía en pedo del boliche, se agarraba de la rienda y pegaba el salto para quedar montado. Pero al ser la rienda larga, se caía del otro lado de la mula. Y tenía que saltar de nuevo.

- Entiendo. Y…

- Y en uno de esos saltos, no va que se cae al suelo y se pega en el pecho con una piedra bola. De lo cual le salió un ‘postema en el pecho, se le inflamó, y se murió nomás. O sea que murió ‘causa de la rienda larga.

Estuve por titular este cuento “Crítica cordobesa al modelo de causación positivista”. Pero no sé si mi relator habría autorizado semejante pedantería. Quede así, entonces.

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