miércoles, 26 de noviembre de 2008

Los robos del siglo (pasado) en Villa Intranquila


En la foto, la Comisaría de la Villa... con unas lindas plantas de palán
palán en los canteros de los árboles. Por aquí pasaron, en la noche
de autos, los ladrones del patrullero.


Los robos del siglo (XX) en Villa Intranquila

1.- El caso del Gallo Viudo.

Don Pedro Millán, cariñosamente apelado “Pedrito” por amigos y aún extraños, prohombre de la Colonia Juliá y Echarren, fruticultor, empresario del comercio de frutas y exportador también, baluarte del club Defensores de la Colonia, había comprado unas gallinas condecoradas en la Exposición de la Rural de Bahía Blanca. Hombre progresista, como en otros aspectos, procuraba mejorar la producción de su gallinero con animales selectos.

Cometió un error: se ufanó al comentar la adquisición de las bellas aves ante algunos contertulios habituales de la confitería del Club. Un poco habrá sacado pecho, con justa razón, y habrá dicho en su estilo lento: “Me traje unas Leghorn de la Rural de Bahía… que ni te cuento qué lindas son, che…”

Esto fue suficiente para que algunos maliciosos decidieran incursionar en el mundo del delito, disfrutando un poco sádicamente el corte brusco que producirían en la romántica relación entre don Pedro y sus gallinas blancas.

Así fue entonces que cierta noche, Pedrito fue invitado a una pollada en casa de unos jóvenes “amigos”. Disfrutó de la cena, bien regada y conversada como corresponde. Ya de madrugada volvió a su casa. A la mañana siguiente, madrugador el hombre, fue a contemplar el gallinero. Allí estaba sólo y solo el gallo, con un letrero colgado: “Viudo desde anoche.” De las Leghorn premiadas, ni rastro. Como los dioses griegos en alguna leyenda, Pedrito había sido antropófago – gallinófago en realidad – de sus propias criaturas. No sé si aún hoy está al tanto de los autores del secuestro, robo, ejecución y cocción de las aves premiadas, a las que él saboreó.

(Relato de H.L.)

2. Ultraje al uniforme

Aquel comisario era todo un personaje. Intentaba destacarse en el mundillo local, ya sea alternando con alguna damisela de Villa Intranquila, ya presentándose con su uniforme de gala, profuso de fideos dorados, en algún acto escolar de fin de curso.

Parece que algún recelo o reconcomio despertó en el personal de la Unidad. Lo cierto es que una noche dejó el famoso uniforme de gala tendido al sereno, quizás para que el generoso vientito de Villa Intranquila lo despojara de los miasmas de humo de tabaco propios de tanta reunión social.

Cuando fue a buscarlo por la mañana… al comisario le habían robado el uniforme del tendal.


(De circulación general, año 1995.)

3. Ausencia del patrullero…

Daría como para título de una zamba.

Los dos jóvenes oficiales disfrutaban cuando les tocaba en suerte hacer la recorrida nocturna de los boliches bailables, el viernes o el sábado. Entraban a los locales, ordenaban encender la luz (para sofocón de varias parejitas que estaban conversando fuerte en lo oscuro), revisaban documentos…

Aquella noche, al igual que otras veces, estacionaron el vehículo policial, descendieron en el boliche del club Independiente, pleno centro, y comenzaron el “operativo de seguridad”.

Mientras tanto algunos de los muchachos que andaban por allí no perdieron el tiempo. Silenciosamente empujado, el patrullero se fue desplazando lejos del boliche. Una, dos, tres cuadras. Imagínense el torrente de adrenalina en aquellos muchachos que clandestinamente consumaban el tremendo desacato. Téngase en cuenta que en su camino pasaron frente a la mismísima Comisaría!

Cuando los agentes salieron del boliche, fue para ellos el momento del pánico. El patrullero no estaba, ni se lo divisaba.

A la mañana siguiente lo encontraron: por allá, al fondo de la calle Yrigoyen, cerca del río. La buena intención de los ladrones quedó demostrada en un hecho: no arrojaron el patrullero al río.

(De circulación general, año 1991).

2 comentarios:

Julián dijo...

En un pueblo de la provincia de Buenos Aires, enterado el hijo -medio falto él- de que su padre iba al banco a cobrar la jubilación; se le adelantó y espero el momento que el viejo se reunió con los billetes y salía del banco para apróximarsepor la espalda y apoyándole un dedo a modo de revolver y mandarle: "aniba la mano Papá dame toda la plata o te quémo". Resonó la cachetada en la jeta del muchacho y se escuchó al viejo decir: "que muchacho pelotudo este..." (de circulación popular por el noroeste de la Pcia. de Bs.As.)

MorganLeo dijo...

Ramon: Te comento que sin conocer este hecho, lo imitamos cuando iba al secundario, en el colegio de curas San Antonio de Padua, en Jose Leon Suarez. El cura, medio dictador, nos sacaba de clases para que cortaramos el pasto del terreno de la escuela y la parroquia, lo que nos tenia medio podridos. Los yuyos solian crecer hasta mas del metro ochenta, por lo que una persona podia esconderse perfectamente, como asi tambien la citroneta que tenia el cura para moverse. A mano, la empujabamos hasta quedar totalmente oculta detras de los yuyarales, las risas se escuchaban de punta a punta de la escuela cuando alguno de los curas andaba como desesperado por el patio (era de 100 mts x 50) y salia a la calle a ver si la encontraba, para encontrarse que la mencionada estaba dentro del predio, tapada por semejantes yuyales.